Durante siglos se ha escrito mucho sobre bioética, pero fue necesario que se cometieran varias atrocidades para que terminara por convertirse en algo regulado por ley.




Un ejemplo muy famoso es el de los crímenes contra la humanidad juzgados durante los juicios de Nuremberg, pero otro igualmente inhumano y mucho menos conocido es el del experimento Tuskegee.

En este caso, se “usó” a un grupo de aparceros afroamericanos como conejillos de Indias para estudiar cómo evoluciona la sífilis sin ser tratada. Lógicamente, las consecuencias del estudio para estos voluntarios forzosos fueron muy graves, por lo que después de conocerse la locura que se estaba cometiendo se dieron algunos pasos muy importantes de cara a la regulación de los ensayos clínicos con humanos.


¿En qué consistió el experimento Tuskegee?


El experimento Tuskegee fue un ensayo clínico llevado a cabo entre 1.932 y 1.972 en la ciudad de Tuskegee, en Alabama.

En los años 30, las formas conocidas de tratar la sífilis eran muy dolorosas y conllevaban una gran cantidad de efectos secundarios, por lo que muchos científicos comenzaron a investigar la búsqueda de nuevas alternativas.


El primer paso era comprobar si realmente valía la pena el tratamiento vigente, por lo que era necesario comprobar cómo avanzaba la enfermedad si no se usaba.

Lógicamente, nadie estaba dispuesto a dejar que su enfermedad siguiese adelante sin tratarla, por lo que fue necesario recurrir a un grupo de 600 aparceros afroamericanos. La mayoría de ellos eran analfabetos, por lo que no fue complicado engañarles, diciéndoles que iban a formar parte de un tratamiento experimental gratuito que podría acabar con los síntomas de la sífilis. Además, se les prometió pagarles la comida, el desplazamiento al hospital y el entierro, en caso de necesitarlo.


De los 6oo participantes del estudio, 399 tenían la enfermedad; mientras que los demás, que se encontraban sanos en ese momento, sirvieron como grupo control.

Fuente:Omicrono
top