¿Imagináis cómo sería descubrir los restos de una antigua civilización ocultos en el fondo del océano?



Así se debieron sentir un grupo de buceadores cuando descubrieron accidentalmente las ruinas de lo que parecía ser una antigua ciudad abandonada bajo el mar, cerca de las costas de la ciudad griega de Zakynthos.

El descubrimiento tuvo lugar en 2.013 y desde entonces varios arqueólogos submarinos especializados han acudido a investigar una procedencia que ha resultado ser bastante más curiosa de lo que esperaban. Y es que, según los estudios realizados, las construcciones halladas no habían sido fabricadas por la mano del hombre, sino por una antigua civilización mucho más pequeña.


El origen de las ruinas submarinas de Zakynthos



Al tratarse con una zona de gran actividad tectónica, la primera idea fue que las ruinas, halladas a una profundidad de entre 2 y 6 metros, podrían ser el resultado de un tsunami que habría sumergido la ciudad hace miles de años.


Todo tenía sentido. Se trataba de doce hectáreas de ruinas compuestas por hasta treinta columnas que se disponían formando una especie de avenida en torno al pavimento de lo que podría haber sido un patio.

Sin embargo, no se encontró ningún resto de cerámica como cabría esperar de un yacimiento de ese tipo, por lo que los arqueólogos siguieron investigando, intrigados por el origen de tan extraña civilización.

Y cuál fue su sorpresa al comprobar que los arquitectos que diseñaron aquella ciudad no eran aficionados a la cerámica y el mármol, sino a la dolomita, un material que en este caso era resultante del metabolismo de las bacterias. Sí, sí, habéis leído bien. ¡Bacterias!


¿Qué es la dolomita?

La zona en la que se encontraron estas ruinas antiguamente tenía una gran actividad geotérmica, por lo que contenía un gran número de chimeneas hidrotermales productoras de metano en las que vivían comunidades de bacterias sulforreductoras que se “alimentaban” de dicho gas. Esto lleva a la transformación de los materiales calcáreos circundantes de la chimenea en un material compuesto por carbonato de calcio y magensio, conocido como dolomita.

Por lo tanto, a medida que el metano fluía hacia arriba a través de los sedimentos se iban formando esas curiosas formas que en un primer momento se confundieron con construcciones de una antigua civilización griega.

No habría vasijas de cerámica, pero no me digáis que el descubrimiento no fue interesante. Un gran hallazgo para la arqueología y aún más grande para la ciencia.

Fuente:Omicrono

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