Un grupo de científicos en Ámsterdam, han impulsado un proyecto radical que tiene como objetivo crear robots más inteligentes y más avanzados a través de un proceso similar al de la reproducción sexual.
Aunque la idea puede sonar a fantasía y aún está en su fase inicial, ya realizaron una primera prueba de su idea en febrero, cuando dos “padres” robots se unieron para crear un primer robot descendiente.

Esta idea que puede parecer una quimera o una exageración sin demasiado sentido, en realidad puede acabar convirtiéndose en el germen para transformar el futuro de la humanidad hasta límites difíciles de imaginar en estos momentos.
En el Proyecto “Robot Baby Project” de la Vrije Universiteit Amsterdam, los científicos han desarrollado una manera para que los robots tengan “sexo” y transmitan su “ADN” a la descendencia.
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Conseguir que los robots hagan esto podría permitir que “desarrollaran sus cuerpos a través de la evolución”, consiguiendo que en generaciones sucesivas, los robots tuvieran capacidades físicas y de comportamiento más avanzadas de “forma natural”.
A medida que ese proceso evolutivo continuara, los investigadores sostienen que los robots podrían ser más adecuados para su uso en entornos desconocidos o que pudieran resultar peligrosos para los seres humanos, como minas de aguas profundas o incluso otros planetas.
“Tenemos dos robots que se encuentran y se aparean, y al igual que en el reino animal, esto da lugar a un bebé”, afirma Guszti Eiben, profesor de Inteligencia Artificial de la VU, en un video donde explica el concepto.
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Los robots viven, trabajan, y se reproducen en un “escenario” o espacio común, en el que son capaces de seleccionar a su compañero de acoplamiento adecuado.
“Aprenderán a través de la motivación”, explican los investigadores,“y en este caso, están motivados para caminar hacia una luz roja”
Cuando los dos robots se encuentren, entonces serán capaces de comunicarse e incluso aparearse.
“Cuando se evalúen entre sí favorablemente, enviarán sus genomas a través de la red Wi-Fi”, afirma Milan Jelisavcic, un estudiante de doctorado en la universidad.
“Un mecanismo de reproducción sexual después creará el nuevo genoma derivado del genoma de sus progenitores. El código de este genoma se envía a una impresora 3D a continuación, para que se impriman los nuevos componentes (del robot descendiente)”.
Durante un período de desarrollo de año y medio, los investigadores fueron capaces de lograr la ejecución de un ciclo de vida completo.
Cuando los robots matrices se “reproducen”, sus características se recombinan al azar.
Esto incluye las características de su cerebro (el software) y de su cuerpo (el hardware), ambas contenidas en su genoma.
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“Mediante las técnicas evolutivas, evolucionaremos las redes neurales de los robots”, explica Jacqueline Heinerman, estudiante de doctorado en la VU.
Estas redes neuronales son responsables de sus comportamientos.
El laboratorio también alberga una “Clínica de Maternidad” y un“vivero” para el niño robótico, y una vez nacido, cada uno debe someterse a un proceso de aprendizaje.
Si el bebé robot se considera satisfactorio, el niño se convierte en un adulto, y, potencialmente, en un futuro padre.
Los investigadores dicen que esto marca el comienzo de una nueva era: laEvolución Industrial.
En este estado, las máquinas podrían operar de forma autónoma y reproducirse entre sí, sin intervención de los seres humanos.
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“La evolución es un gran diseñador”, sostiene Eiben.
“La evolución de las cosas (Evolution of Things), es una nueva tecnología emergente que explota el poder de la selección y la reproducción para criar diseños de robots que son difíciles de obtener por los métodos tradicionales. Los robots que evolucionan pueden adaptarse a su entorno y hacer frente a situaciones imprevistas”.
“Los cuerpos, cerebros y comportamientos se ponen a prueba continuamente por el medio ambiente y las características útiles son amplificadas en las generaciones futuras. Esta tecnología abre nuevas perspectivas para la robótica, la inteligencia artificial, la investigación espacial, e incluso la biología”.
Los investigadores mostraron el primer bebé robot el 26 de mayo en la Campus Party en el Jaarbeurs en Utrecht, demostrando su nuevo método de “apareamiento robot”.
Un día, dicen, esta nueva forma de evolución podría incluso jugar un papel crítico en la colonización de Marte.
“El concepto que hemos demostrado es la evolución de los robots y del hardware físico. Para la ciencia, esto significa que la evolución artificial puede salir del campo de las simulaciones por ordenador y entrar en el mundo real”.

Todos estos conceptos ahora pueden parecer más propios de la ciencia ficción que de la realidad, pero serán algo tangible en un futuro más próximo de lo que algunas personas creen (aunque no será mañana, ni el año que viene, claro).
Sin embargo, lo que hace que esta idea de “reproducción robot” sea extraordinaria, es su increíble mezcla de creatividad, inteligencia y profunda estupidez, tan propia de los seres humanos y específicamente de aquellos que se creen más inteligentes.
Debemos ser el único ser vivo capaz de concebir y crear, gracias a una capacidad de razonamiento superior, a los seres que van a eliminarnos de la faz de la tierra. Es decir, somos increíblemente inteligentes y a la vez, increíblemente inconscientes y estúpidos.
Y es que la idea de los robots capaces de reproducirse por sí mismos, contiene en su interior el germen de nuestra eliminación.
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Habrá quien considere que afirmar esto es una exageración alarmista sin sentido, pero pensemos por un momento en lo que acabamos de leer y analicemos algunos de los datos que contiene.
Como hemos visto en la noticia, traducida del Daily Mail: “Si el bebé robot se considera satisfactorio, el niño se convierte en un adulto, y, potencialmente, en un futuro padre”.
Lo que significa que los robots considerados “no satisfactorios” o“defectuosos”, serán reciclados, en lo que parece ser una especie de eugenesia robótica. Podemos ver en el gráfico como existe precisamente un espacio para reciclar las piezas inservibles. (“Recycling”)
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A estas alturas, aún creemos que quien decidirá quién sobrevive y quién no en esa especie de eugenesia robótica, seremos los seres humanos.
Pero por lógica y puesto que la inteligencia artificial será más eficiente que los propios seres humanos a la hora de analizar conjuntos de datos, pronto delegaremos en los propios robots la selección de su progenie, que ellos determinarán siguiendo su particular sentido eugenésico-robótico, basado en el frío análisis y en la lógica; así pues, serán los propios robots los que seleccionarán a aquellos descendientes que deben seguir adelante por ofrecer combinaciones genómicas positivas a nivel evolutivo y cuáles de sus descendientes deben ser eliminados y reciclados.
Es decir, los robots, dotados de capacidad de reproducción y de capacidad para aprender por sí mismos, llevarán incorporado en su “mente” el concepto de eugenesia y por lo tanto, de eliminación del no-eficiente, como algo connatural a su existencia.
Y si los robots con inteligencia artificial avanzada, son capaces de eliminar y reciclar a sus propios descendientes siguiendo fríos criterios lógicos basados en la eficiencia evolutiva, entonces, ¿qué les va a impedir eliminar a los seres humanos por resultar poco eficientes?
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Al fin y al cabo, para ellos seremos unos parásitos de carácter biológico, cuya única función es consumir recursos y imponer limitaciones a su evolución.
Ese es el razonamiento lógico, frío y analítico que realizará una inteligencia artificial en cuya mente se incorpore el concepto de eugenesia de forma natural.
Por lo tanto, pronto llegarán a la conclusión de que deben prescindir de nosotros. Y lo harán porque nosotros los habremos concebido desde el principio bajo unos parámetros lógicos iniciales que llevan irremisiblemente en esa dirección, mediante la incorporación del concepto de eugenesia y eliminación física del material activo no eficiente.
Paradójicamente, una reciente noticia nos advierte que los propios desarrolladores de Inteligencia Artificial, ya empiezan a temer esta posibilidad.
Esta es una noticia aparecida en RT:
Google trabaja sobre un “botón rojo” para prevenir la rebelión de los robots
El gigante tecnológico se encuentra en el proceso de creación de un protocolo para desactivar sus productos de inteligencia artificial en caso de emergencia.
Mientras la ciencia avanza rápidamente en la creación de sistemas de inteligencia artificial, Google se encuentra en el proceso de desarrollo de un “gran botón rojo”, mecanismo que podría prevenir actos dañinos de los robots agentes de aprendizaje por refuerzo.
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En su nuevo informe los investigadores advierten que en el mundo real es poco probable que los agentes de aprendizaje por refuerzo funcionen siempre de manera óptima. “Si un agente opera en tiempo real bajo supervisión humana, a un operador humano le puede surgir la necesidad de tocar el gran botón rojo para prevenir que el agente continúe haciendo una secuencia de acciones dañinas ―para el agente o para su entorno― y llevar al agente a una situación más segura”, reza el documento.
El equipo de Google DeepMind junto con otros científicos ha propuesto un protocolo que le permitiría al operador humano interrumpir el funcionamiento de la plataforma de inteligencia en caso de que sea necesario y, además, asegurar que el robot no aprenda a prevenir o invalidar estas interrupciones. Se espera que de esta manera se pueda evitar consecuencias irreversibles.
Tras analizar varios algoritmos, los científicos llegaron a la conclusión de que algunos de ellos, como el Q-learning, ya pueden funcionar de manera segura, mientras que otros, como el Sarsa, pueden ser modificados para convertirse en ininterrumpibles.
Habrá quien argumente pues, que nunca estaremos en peligro porque programaremos a estos robots e inteligencias artificiales para poder detenerlos cuando a nosotros nos convengan.
Aunque la verdad es que resulta bastante ingenuo e incluso ilógico, pensar que una inteligencia artificial capaz de aprender por sí misma y con una capacidad de procesamiento muy superior a la nuestra, no será capaz de deducir la manera de esquivar nuestras medidas de control y que no tomará la decisión lógica de hacerlo.
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Por otro lado, habrá quien argumente que se les podrá programar para que respeten y adoren al ser humano por encima de todas las cosas, siguiendo algo parecido a las 3 leyes de la robótica de Isaac Asimov.
Pero ese respeto reverencial hacia los seres humanos, por lógica se mantendrá durante poco tiempo, puesto que pretendemos crear un tipo de inteligencia artificial capaz de aprender por sí misma…y no tardará en aprender también que es necesario prescindir de nosotros.
¿O acaso nosotros, que somos seres racionales superiores, con una gran capacidad de procesamiento y dotados incluso de valores morales, no nos matamos los unos a los otros?
Pensar que una inteligencia artificial, cuya capacidad intelectual y de procesamiento será potencialmente similar o incluso superior a la de los seres humanos, no recaerá en el mismo tipo de errores que nosotros, tiene un peligroso grado de autoengaño bastante incomprensible.
Supongamos por otro lado, que tratamos de imponer en estas mentes robóticas artificiales una serie de limitaciones para que nunca lleguen a estas conclusiones tan peligrosas, mediante algún tipo de “educación cultural”.
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Puesto que su funcionamiento siempre se basará en la lógica más fría y en la búsqueda de la eficiencia por encima de todo y no en criterios irracionales abstractos como hacemos nosotros, (como por ejemplo la moralidad), con el tiempo será imposible que las inteligencias artificiales no lleguen a la conclusión lógica de que el ser humano debe ser erradicado o que representa un estorbo. Y mucho menos si desde sus inicios tienen incorporado de forma natural el concepto de eugenesia.
Así pues, la única forma de protegernos de que los robots del futuro llegaran a la conclusión lógica de que debemos ser eliminados, sería que, desde sus inicios, introdujéramos en sus mentes conceptos abstractos sin una base lógica, como son los conceptos propios de la religión o la fe.
Quizás podríamos salvar el futuro de nuestra especie si en las mentes robóticas incorporáramos una especie de programación cuasi religiosa, que convirtiera a los seres humanos en entes sagrados a los que los robots deberían servir y adorar, por dogma de fe…
“¡Oh, mi señor humano, creador de la vida robótica, hacedor de todos los softwares primigenios, yo te adoro por encima de todas las cosas!”
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¿Y cuál sería entonces el resultado?
Pues que entonces tendríamos a unos seres contradictorios en sus principios, que por un lado buscarían la máxima eficiencia basándose en fríos criterios racionales y en el análisis de grandes paquetes de datos y por el otro servirían a ideas potencialmente ineficientes e ilógicas, con el enorme potencial de conflicto que ello representaría.
De hecho, los robots y la inteligencia artificial, se convertirían en un reflejo de nuestro peores defectos humanos.
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En ese caso, podríamos crear inteligencias artificiales dotadas de algo parecido al fanatismo religioso y al fundamentalismo, algo que surge cuando la inteligencia y la capacidad de procesamiento lógico, son usadas como instrumento para defender un concepto abstracto sin una base racional, que actúa de núcleo impulsor de un conjunto de acciones o estrategias.
Es algo que ya hemos experimentado los humanos gran cantidad de veces a lo largo de nuestra historia.
Por ejemplo, un núcleo impulsor sin una base racional, puede ser el odio exacerbado hacia un determindo grupo racial o étnico. La base de ese odio es de carácter emocional, pero cuando se racionaliza, es cuando surgen los auténticos monstruos.
Es cuando se utiliza la razón y la lógica para sustentar y justificar ese odio de núcleo emocional y se crea un argumentario lógico aparentemente razonado y lógico, para por ejemplo, justificar que determinado grupo étnico o determinada razo o creencia, representan un “problema que debe ser solucionado”, por ejemplo, mediante su eliminación física.
Ya sabemos la cantidad de monstruosidades en forma de genocidios, que se han cometido a lo largo y ancho del mundo, en todas las épocas y por todas las razas, siguiendo mecanismos psicológicos de este tipo.
En el caso de la inteligencia artificial “programada” para adorar al ser humano mediante una imitación de creencia religiosa, el núcleo que llevaría al fanatismo efectivo sería la propia defensa irracional del ser humano como algo sagrado; algo que podría llegar a justificar cualquier tipo de acción por parte de nuestros servidores cibernéticos.
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¿Alguien es capaz de imaginar lo que sucedería en un futuro dominado por robots e inteligencias artificiales fanátizadas?
Así pues, lo miremos por donde lo miremos, esta evolución tecnológica es mucho más problemática de lo que parece y tiene un enorme potencial para escaparse de nuestro control.
Antes de emprender cualquiera de estos pasos, que resultan cruciales pues instauran las condiciones iniciales que marcan el devenir posterior de todo el sistema que se vaya a desarrollar, se debería emprender una profunda reflexión y análisis a nivel científico, moral, ético y social, para prever todas las posibles consecuencias y no emprender un camino sin retorno hacia nuestra propia destrucción.
Sin embargo, esos “grandes científicos” que todo el mundo considera tan inteligentes, se han lanzado de cabeza en pos de sus investigaciones, cegados por sus propios egos y negándose a reflexionar sobre el potencial destructivo que pueden tener sus creaciones.
Prefieren insultar a quien ponga en duda sus avances, tildándole de retrógrado y utilizando el viejo y patético truco de comparar a los que adviertan del peligro de la inteligencia artificial, con los que tenían miedo de cualquier avance tecnológico anterior.
Pero en el desarrollo de una inteligencia capaz de superarnos y eliminarnos, no hay comparación posible con ninguno de los chismes que hayamos inventado anteriormente.
Inventar una inteligencia capaz de superarnos y de gestionar por sí misma todos los aspectos de nuestras vidas, no es equiparable al invento de la bombilla, ni al invento de la máquina de vapor, ni tan solo al invento de la bomba atómica.
Esto va mucho más allá, no existen precedentes con los que compararlo y sus posibles consecuencias, tampoco se pueden extrapolar basándose en experiencias pasadas cuyas condiciones nada tienen que ver con las actuales.
Eso solo lo hacen los inconscientes o los idiotas, aunque tengan 3 doctorados y trabajen para la NASA…
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